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«En los años más
crudos del período especial el ICAIC dejó de hacer películas pero el cine
aficionado continuó su labor y esa memoria se está perdiendo. Las autoridades
que tengan la posibilidad de buscar un local climatizado deben hacerlo, pero
creo que no se han dado cuenta de cuánto vamos a perder, pues las futuras
generaciones no van a recibir ese legado».
Un local oscuro y
sin más ventilación que una puerta de acceso contiene piezas museables, tal
como argumenta Rolando Rodríguez Esperanza, director del Cine Club Cubanacán.
«Al cineclub la
UNESCO le donó una biblioteca cinematográfica que tiene más de trescientos
títulos de cine que son clásicos y catálogos mundiales. Además a todas estas
películas importantes figuras del diseño y las artes plásticas le han hecho
carteles, por tanto también es una muestra importante desde el punto de vista
de las artes plásticas.
«Ahí hay
proyectores de ocho y dieciséis milímetros, hay cámaras más todo el
equipamiento de revelado que se usaba antiguamente. Esa es la historia del Cine
Club Cubanacán y eso no se puede votar».
Es un breve
resumen de cómo se pierde una parte de la historia documentada de nuestra
identidad, por falta de un local climatizado. Queda pendiente la respuesta de
las autoridades involucradas.
Por Lisandra Durán
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